La violencia contra las mujeres continúa siendo uno de los problemas sociales más persistentes en América Latina y el mundo. Aunque muchas de sus manifestaciones ocurren en el ámbito doméstico o en espacios públicos, el entorno laboral se ha convertido también en un escenario donde se reproducen múltiples formas de discriminación y violencia de género. Entre ellas, el acoso laboral y sexual representan un fenómeno silencioso que afecta la dignidad, la salud mental y el desarrollo profesional de miles de mujeres.
De acuerdo con cifras de la Secretaría Distrital de la Mujer, en Bogotá cinco de cada diez mujeres han manifestado sentirse discriminadas en el trabajo por razones de género. Además, el 14 % señala haber estado expuesta a situaciones que favorecen el acoso sexual o laboral.
La problemática resulta aún más preocupante entre mujeres jóvenes: en el grupo de 18 a 29 años la cifra supera el 20 %, lo que evidencia que quienes inician su vida laboral enfrentan mayores niveles de vulnerabilidad. En algunas localidades de la ciudad, como Engativá, Teusaquillo y Puente Aranda, más del 22 % de las mujeres reporta haber sido víctima de acoso laboral.
Estas cifras reflejan una realidad que muchas veces permanece invisibilizada dentro de las organizaciones. El acoso laboral puede manifestarse a través de comentarios sexistas, descalificaciones constantes, asignación injustificada de tareas, presión psicológica, insinuaciones sexuales o exclusión de oportunidades laborales.
Aunque estas conductas no siempre dejan huellas físicas, generan impactos profundos en la vida personal y profesional de las víctimas.
Salud mental y violencia laboral en mujeres
Desde la perspectiva de la salud pública, la violencia psicológica y el acoso laboral representan un factor de riesgo significativo para la salud mental de las mujeres. El Instituto Nacional de Salud reportó que durante 2024 se registraron 66.621 casos de violencia de género en Colombia, de los cuales el 75,6 % correspondieron a mujeres.
Dentro de estos registros se identificaron 11.782 casos de violencia psicológica contra mujeres reportados en el sistema de vigilancia epidemiológica. Estas cifras muestran que la violencia emocional y psicológica constituye una de las formas más frecuentes de agresión.
Diversos estudios del sector salud advierten que las mujeres que sufren violencia laboral presentan mayor riesgo de desarrollar trastornos como depresión, ansiedad, estrés crónico y trastorno de estrés postraumático.
También pueden experimentar baja autoestima, agotamiento profesional o síndrome de burnout, así como aislamiento social y laboral. En muchos casos, el deterioro emocional termina afectando la productividad, la estabilidad económica y la continuidad en el empleo.
Además del impacto individual, el acoso laboral tiene consecuencias estructurales. Muchas mujeres que enfrentan ambientes hostiles terminan abandonando sus puestos de trabajo o trasladándose hacia sectores con menor remuneración y menores oportunidades de crecimiento profesional.
Esta dinámica contribuye a perpetuar brechas de género en el mercado laboral y limita el acceso de las mujeres a posiciones de liderazgo.
En este contexto, la Facultad de Derecho de la Universidad Católica de Colombia publicó el artículo “Violencia contra la mujer en el trabajo: respuestas desde una perspectiva de género en Chile y Colombia”.
El estudio analiza cómo los esquemas de subordinación laboral y exclusión social favorecen la reproducción de distintas formas de violencia, particularmente el acoso sexual, el hostigamiento laboral y otras microviolencias presentes en los entornos organizacionales.
La investigación identifica patrones comunes de discriminación estructural y señala limitaciones en los mecanismos de denuncia y acceso a la justicia laboral. En muchos casos, las víctimas enfrentan barreras institucionales, miedo a represalias o pérdida del empleo, lo que provoca un alto nivel de subregistro en las denuncias de acoso laboral.
Los autores del estudio destacan la necesidad de incorporar un enfoque de género en las políticas públicas laborales y en la gestión organizacional de las empresas. Comprender la violencia laboral desde una perspectiva multicausal permite diseñar estrategias más efectivas de prevención, protección y acompañamiento institucional para las víctimas.
Factores como la cultura empresarial, las dinámicas de poder, la normativa interna de las organizaciones y los estereotipos de género influyen en la configuración de estos escenarios de violencia.
Por esta razón, especialistas coinciden en que la erradicación del acoso laboral requiere no solo marcos legales más sólidos, sino también cambios culturales dentro de los espacios de trabajo.
Visibilizar el problema es un paso fundamental para avanzar hacia entornos laborales más seguros, equitativos y respetuosos. Reconocer el impacto del acoso laboral en la salud mental, la estabilidad económica y el desarrollo profesional de las mujeres permite impulsar políticas y acciones que garanticen el respeto por la dignidad humana y la igualdad de oportunidades en el mundo del trabajo.



