A qué edad recomendada para que un niño tenga celular

¿A qué edad debería tener un celular un niño? Psiquiatra explica los riesgos de las pantallas en la infancia

El debate sobre la edad adecuada para que un niño tenga su primer celular continúa generando preguntas entre padres, educadores y especialistas. Para el psiquiatra infanto-juvenil Ignacio Civeira, del Hospital Gregorio Marañón de Madrid, el punto de partida no debería ser únicamente la edad del menor.

En declaraciones al medio El Médico Interactivo, el especialista explicó que lo verdaderamente importante es analizar dos factores fundamentales: el desarrollo cognitivo y la madurez emocional del niño.

Desde el punto de vista cognitivo, el experto considera prioritario que el menor haya consolidado ciertos procesos básicos de desarrollo. Entre ellos destacan el aprendizaje, la autonomía, el autocuidado, los hábitos de sueño, la capacidad de comunicación con otras personas y la independencia en las rutinas cotidianas.

Según el psiquiatra, estos elementos permiten evaluar si el menor tiene la madurez suficiente para interactuar con un celular en mano que ofrece acceso permanente a información, estímulos y redes sociales.

La autorregulación emocional antes del acceso a la tecnología

El segundo aspecto que menciona el especialista está relacionado con el manejo de las emociones. Antes de que un menor tenga acceso a un teléfono inteligente, es necesario que haya desarrollado habilidades de autorregulación emocional.

El psiquiatra advierte que los dispositivos móviles y las redes sociales son medios que generan constantemente estímulos emocionales: alegría, frustración, ansiedad o comparación social. Si un niño o adolescente aún presenta dificultades para gestionar sus emociones, el impacto puede ser mayor.

En palabras del experto, cuando una persona llega a la tecnología con problemas previos de regulación emocional, el uso del móvil puede agravar esas dificultades.

Por esta razón, Civeira considera que el uso del smartphone debería descartarse durante la etapa infantil y la educación primaria. En su opinión, el momento más adecuado sería a partir de la educación secundaria, cuando el adolescente alcanza una etapa media o tardía de la adolescencia.

Pantallas que influyen en el pensamiento y la voluntad

Los especialistas en salud digital también alertan sobre otro fenómeno: el impacto de las pantallas en la forma en que los niños desarrollan su pensamiento y su voluntad.

Civeira explica que las plataformas tecnológicas pueden terminar influyendo en la manera en que las personas toman decisiones o interpretan el mundo. Por ejemplo, herramientas como Google pueden ofrecer respuestas inmediatas que sustituyen el proceso de reflexión personal.

Algo similar ocurre con redes sociales como Instagram o plataformas de comercio electrónico como Amazon, cuyos algoritmos sugieren contenidos, intereses o productos.

De acuerdo con el psiquiatra, estos sistemas funcionan como inductores de pensamiento, lo que puede debilitar procesos fundamentales del desarrollo humano, como la curiosidad, la creatividad y la iniciativa personal.

La voluntad —entendida como la capacidad de realizar acciones sin presión externa ni recompensa inmediata— es una habilidad esencial que se forma durante la infancia. Si no se fortalece en esta etapa, puede resultar difícil desarrollarla posteriormente.

Consecuencias en la concentración, el estado de ánimo y la actividad física

El uso excesivo de pantallas también puede afectar otros aspectos del desarrollo infantil. Entre ellos se encuentran la capacidad de concentración, la atención sostenida y el interés por actividades como la lectura.

Además, el especialista advierte que el uso prolongado de dispositivos puede relacionarse con cambios en el estado de ánimo, incluyendo irritabilidad, tristeza o alteraciones emocionales.

A esto se suma otro factor preocupante: el sedentarismo. Pasar largos periodos frente a una pantalla reduce el tiempo dedicado al juego activo o a actividades físicas, fundamentales para el crecimiento saludable.

El contacto cara a cara sigue siendo esencial

Otro aspecto clave que menciona el psiquiatra es el impacto de la tecnología en la sociabilidad de los menores.

Para explicarlo, utiliza una comparación sencilla: aprender a socializar cara a cara sería como aprender a caminar, mientras que interactuar a través de la tecnología sería como correr. Es decir, primero debe desarrollarse la habilidad básica antes de avanzar hacia formas más complejas de interacción.

El contacto directo con otras personas —mirar a los ojos, interpretar gestos, escuchar activamente— es fundamental para el desarrollo social y emocional.

El especialista subraya que siempre habrá tiempo para aprender a utilizar herramientas digitales, pero el aprendizaje de las habilidades sociales presenciales tiene una ventana de desarrollo más limitada durante la infancia.

Influencia de la tecnología en la identidad y la sexualidad

Civeira señala que la infancia y la adolescencia son etapas especialmente vulnerables frente a la influencia tecnológica. Durante estos años se construyen la identidad personal, las referencias afectivas y la manera en que cada individuo entiende las relaciones.

Si esas referencias provienen de contenidos poco realistas o de estímulos inestables —como ciertos modelos de afectividad o contenidos sexuales en internet— pueden generar confusión o expectativas distorsionadas.

Por ello, el especialista insiste en que el acceso a la tecnología debe ser progresivo, acompañado por los adultos y siempre considerando la madurez emocional del menor.