El deseo femenino no es una experiencia lineal ni constante a lo largo del mes. Por el contrario, suele presentar variaciones relacionadas con los cambios hormonales propios del ciclo menstrual, así como con factores emocionales, físicos y sociales que influyen en la manera en que las mujeres viven su intimidad.
Cambios en la energía, el estado de ánimo y la disposición para el contacto íntimo hacen parte de un proceso biológico normal que, durante muchos años, estuvo rodeado de tabúes y silencios.
Aunque el ciclo menstrual ha sido ampliamente estudiado desde la medicina, el deseo femenino tardó décadas en ser analizado desde una mirada integral que incluyera no solo lo biológico, sino también lo emocional y lo social. Esta falta de comprensión generó culpas, estigmas y expectativas irreales en torno a la libido femenina, asociándola erróneamente a una respuesta permanente o automática.
El papel de las hormonas en el deseo femenino
De acuerdo con Alejandra Galofre, ginecóloga y obstetra adscrita a Colsanitas, el funcionamiento hormonal del ciclo menstrual está bien documentado, pero aún existen aspectos de la vida cotidiana que requieren mayor análisis, especialmente en lo relacionado con el comportamiento, el estado emocional y el deseo. “La evidencia científica ha confirmado que las fluctuaciones de estrógenos y progesterona influyen de manera directa en la libido femenina, permitiendo identificar patrones generales en cada fase del ciclo, sin que estos se presenten de forma idéntica en todas las mujeres”, explica la especialista.
Desde la psicología y la sexología, Pilar Lobo Guerrero señala que el deseo suele variar a lo largo del ciclo menstrual de forma predecible. Durante la menstruación, cuando los niveles hormonales se encuentran en su punto más bajo, es frecuente que se presente una disminución del deseo, acompañada de malestar físico, cansancio o cambios de humor. En la fase previa a la ovulación, el aumento progresivo de estrógenos y un leve incremento de testosterona favorecen el buen ánimo, la sensibilidad y una mayor disposición para el contacto íntimo.
Durante la ovulación se alcanza el pico hormonal del ciclo, etapa que suele coincidir con el mayor nivel de deseo, energía y sensación de confianza. En contraste, en la fase posterior a la ovulación, la progesterona comienza a predominar y genera un efecto más calmante, lo que en muchos casos se traduce en una disminución del deseo y en la aparición de síntomas asociados al síndrome premenstrual.
Más allá de las hormonas: emociones, vínculos y contexto
Sin embargo, las especialistas coinciden en que el deseo femenino no depende exclusivamente de las hormonas. También está atravesado por factores emocionales, relacionales, sociales y culturales. La relación con el propio cuerpo, la calidad de los vínculos afectivos, el estrés, el descanso y los espacios de conexión emocional influyen de manera significativa en la forma en que cada mujer vive su intimidad
Para Galofre y Lobo Guerrero, el valor de conocer el ciclo menstrual no radica en anticipar cada cambio ni en ajustar la vida a un calendario hormonal rígido, sino en comprender sus fluctuaciones como parte natural del funcionamiento del cuerpo. Este conocimiento permite vivir la sexualidad con mayor información, aceptación y respeto por los ritmos individuales, reduciendo la culpa y las expectativas irreales frente al deseo femenino.



