Dormir mal no solo afecta el descanso diario. Especialistas en neurología y medicina del sueño advierten que los trastornos del sueño pueden incrementar el riesgo de desarrollar enfermedades crónicas como hipertensión arterial, diabetes tipo 2, obesidad, arritmias y accidentes cerebrovasculares.
Uno de los trastornos más frecuentes es la apnea obstructiva del sueño, una condición en la que la respiración se interrumpe repetidamente durante la noche. Estas pausas reducen los niveles de oxígeno en la sangre y obligan al corazón a trabajar con mayor esfuerzo, lo que puede crear alteraciones en la presión arterial y el ritmo cardíaco.
Según explicó la neuróloga clínica Johana Valderrama, los trastornos respiratorios del sueño son especialmente comunes en personas que han sufrido eventos neurológicos como accidentes cerebrovasculares o ataques isquémicos transitorios.
“En estos pacientes los trastornos del sueño pueden presentarse entre el 32 % y el 63 % de los casos y se asocian con mayor mortalidad y con peores desenlaces funcionales después del evento”, señaló la especialista.
Durante el sueño, el organismo activa procesos de reparación que ayudan al cerebro y al cuerpo a recuperarse de las actividades diarias. Cuando el descanso es insuficiente o de mala calidad, pueden producirse alteraciones hormonales y metabólicas que favorecen la aparición o el agravamiento de enfermedades cardiovasculares.
En Colombia, distintos estudios estiman que cerca del 59 % de la población presenta algún tipo de trastorno del sueño, mientras que más del 40 % de las personas recurre a medicamentos para poder dormir.
Entre los síntomas más comunes se encuentran el ronquido intenso, pausas en la respiración durante la noche, somnolencia excesiva durante el día, dificultad para conciliar el sueño y despertares frecuentes.
Los especialistas recomiendan dormir entre seis y ocho horas diarias y consultar a un profesional de la salud cuando estos síntomas se vuelvan persistentes, ya que detectar a tiempo los trastornos del sueño puede ayudar a prevenir complicaciones cardiovasculares y metabólicas a largo plazo.



