Los grandes avances científicos de los últimos 50 años contrastan con una realidad preocupante. Las coberturas de vacunación disminuyen actualmente a nivel global.
La desinformación impulsa este peligroso fenómeno sanitario. Diversas enfermedades prevenibles que ya estaban bajo control regresan con fuerza a las comunidades.
El sarampión genera una alerta mundial constante. También aumentan los casos de meningitis por meningococo en naciones desarrolladas como el Reino Unido.
Colombia enfrenta este desafío con cifras alarmantes. Durante el año 2025, el sistema de salud confirmó 125 casos de fiebre amarilla.
Dicho brote causó más de 50 fallecidos. En lo corrido de este año 2026, las autoridades ya registran nuevos contagios en el territorio.
La gran mayoría de estos casos recientes afecta a personas no vacunadas. El 92,8 % de los pacientes carecía de antecedentes de inmunización.
La falta de coberturas nacionales representa el principal factor de riesgo. El país también registra alertas importantes por brotes recientes de tosferina.
El Instituto Nacional de Salud reportó un repunte de meningococo en 2025. La Semana de la Vacunación de las Américas (del 25 de abril al 2 de mayo) cobra hoy relevancia.
El doctor Víctor Saravia, experto de GSK, analiza la situación. Él destaca factores que respaldan el papel fundamental de la inmunización sanitaria.
El impacto de la vacunación en la salud pública
Las vacunas salvaron más de 150 millones de vidas en cincuenta años. Esto equivale a salvar seis vidas cada minuto que pasa.
La inmunización contribuyó a mejorar la supervivencia infantil en un 40 %. UNICEF considera esta intervención como un hito histórico de la humanidad.
Junto al agua potable, las vacunas erradicaron la viruela. Saravia defiende la rigurosidad científica detrás de cada biológico disponible en el mercado.
Además, “las vacunas son el resultado de décadas de investigación científica y pasan por rigurosos procesos de evaluación para soportar su calidad, seguridad y eficacia. Por eso se consideran una herramienta segura y confiable para la prevención de enfermedades”, señaló Saravia.
La Organización Panamericana de la Salud recomienda coberturas superiores al 95 %. Solo así se previenen brotes de enfermedades que son inmunoprevenibles.
Sin embargo, las cifras de 2025 muestran un panorama distinto. En las Américas, la cobertura de vacunación infantil alcanzó solamente el 86 %.
Colombia registró niveles cercanos al 89 % durante el año pasado. El experto advierte sobre la necesidad de mantener la guardia muy alta.
“Si bien el panorama en nuestro país es ligeramente mejor que en la región, estas cifras reflejan que la vacunación debe seguir siendo una prioridad en salud pública. Aunque la conciencia sobre la vacunación infantil suele ser alta, aún persisten brechas en otras etapas de la vida”, enfatizó Saravia.
La protección frente a enfermedades debe mantenerse siempre. El ciclo de vida completo requiere esquemas actualizados para evitar riesgos de salud.
“A partir de los 50 años, el sistema inmune pierde su capacidad de respuesta, un proceso conocido como inmunosenescencia. Significa que el organismo responde de forma menos eficiente frente a infecciones. Esto ocurre incluso en adultos aparentemente sanos y que no se perciben como vulnerables”, explicó Saravia.
El envejecimiento poblacional agrava este escenario en la región. Actualmente existen 63 personas mayores por cada 100 jóvenes en las Américas.
Cerca de 98 millones de ciudadanos tienen más de 60 años. Se estima que para 2050 esta cifra alcanzará los 183 millones.
Esto representará una cuarta parte de la población regional total. El riesgo de contraer neumococo, influenza o herpes zóster aumenta progresivamente.
Mantener esquemas completos en la adultez reduce complicaciones graves. La prevención mediante el autocuidado resulta vital para la longevidad saludable actual.
La vulnerabilidad ante las infecciones depende también de condiciones previas. Enfermedades como la diabetes afectan directamente la respuesta del sistema inmune.
Las condiciones cardiovasculares o respiratorias elevan el riesgo infeccioso significativamente. Estos pacientes enfrentan un peligro mayor ante cualquier patógeno prevenible.
Las personas con estas condiciones crónicas presentan vulnerabilidades específicas. Tienen hasta un 51 % más de probabilidad de desarrollar herpes zóster.
También sufren complicaciones mucho más graves ante enfermedades prevenibles. Saravia advierte sobre las consecuencias de abandonar los esquemas de protección.
“Bajar la guardia frentea la vacunación tieneconsecuencias, especialmente en personas con enfermedades crónicas y en la población mayor de 50 años o más. Cuando disminuyen las coberturas, se pierde el efecto de protección colectiva y se abre la puerta al regreso de enfermedades que ya se consideraban controladas”, puntualizó el experto.
Contar con orientación profesional es necesario para decisiones oportunas. El acceso a información confiable permite contrarrestar la desinformación de las redes.
Fortalecer la prevención desde el autocuidado salva vidas diariamente. La salud pública depende del compromiso individual con la inmunización técnica permanente.



